La Impunidad: Puede y debe ser combatida

Por Marc Ostfield 

Embajador de los EE.UU. en Paraguay 

 

Permanentemente las vemos, escuchamos y leemos en los medios de comunicación. Ya sea por nuevos casos, viejas prácticas o iniciativas para prevenirlas. Las palabras corrupción e impunidad, irremediablemente vinculadas entre sí, se repiten. Se repiten tanto y están tan presentes en nuestro día a día, que a veces pareciera que perdieran sus significados y que nos resignáramos a su existencia, como parte de un estado inalterable de las cosas en el que no podemos incidir.  

No debemos permitir que esto ocurra, porque es precisamente lo que los corruptos esperan que suceda. Son ellos los que se benefician, cuando una sociedad, desgastada, se siente impotente ante un desafío que parece imposible y renuncia a los espacios de participación que por derecho le corresponden.    

Conmemorando el Día Internacional contra la Corrupción, del pasado 9 de diciembre, es importante recordar que, si hay corrupción, es porque existe impunidad. Y la impunidad atenta directamente contra los intereses de todos y cada uno de los ciudadanos. El dinero malversado, es dinero que luego falta en las obras de infraestructura vial, en los hospitales, en las escuelas públicas y en la inversión en seguridad ciudadana. La impunidad puede y debe ser combatida. Desde donde nos toque estar y en la medida de las posibilidades de cada uno, debemos tomar acción contra la impunidad.  

Para que la gente confíe en que en su país rige un Estado de derecho, es esencial que los actores corruptos rindan cuentas dentro de los sistemas del país. Cuando los notoriamente corruptos evaden la rendición de cuentas sobre el uso de fondos públicos, están afectando de manera profunda la confianza que las personas depositaron en ellos para zanjar las desigualdades sociales y económicas. Estas mismas personas, al ver que a los poderosos no se les castiga, sienten temor de denunciar nuevos casos de corrupción o siquiera mencionar públicamente a los corruptos, por miedo a represalias. Por culpa de la impunidad, la ciudadanía deja de creer en los gobernantes y en el mismo sistema democrático. El Informe de la Corporación Latinobarómetro 2023, indica que apenas el 40 % de los paraguayos apoya la democracia, mientras el 54 % favorece el autoritarismo o le es indiferente.    

La impunidad en las instituciones públicas crea un escenario óptimo y un ambiente seguro para que criminales transnacionales, quienes se sienten intocables, dirijan —desde la clandestinidad o a la vista de todos— organizaciones de tráfico de drogas, armas y personas. Además, la corrupción y la impunidad son los mayores obstáculos para la inversión, especialmente la inversión extranjera, tan necesaria para la generación de fuentes de empleo.  

He visto señales alentadoras por parte del gobierno del Paraguay, en los esfuerzos contra la corrupción, tales como la promulgación de diversas leyes que han posibilitado la creación de la Jurisdicción Especializada en Delitos Económicos y Crimen Organizado; la Ley que Previene y Sanciona el Conflicto de Intereses en la Función Pública; y la Ley que crea el Registro Administrativo de Personas y Estructuras Jurídicas. Observamos también el esfuerzo reciente del gobierno de Santiago Peña por crear una estrategia anticorrupción que incluya a todas las ramas del poder público, reconociendo la naturaleza transversal de esta tarea.  Aunque vemos con optimismo que el gobierno paraguayo está tomando medidas para combatir la corrupción, éstas no serán suficientes si no se aborda también el problema de la impunidad.  

Lamentablemente, diversos índices mundiales recientes sitúan a Paraguay entre los más bajos de Sudamérica, en las mediciones de corrupción, Estado de derecho y crimen organizado.  Si bien ningún índice es perfecto, todos estos análisis llegan a conclusiones similares: que la corrupción y la impunidad son problemas graves en Paraguay.  

·         El Índice de Percepción de la Corrupción 2022 de Transparencia Internacional, ubica a Paraguay como el segundo país más corrupto de América del Sur, y lo posiciona 137, entre 180 naciones analizadas.   

·         El Índice de Capacidad para Combatir la Corrupción, sitúa a Paraguay en el octavo puesto, entre diez países evaluados en América del Sur.  

·         El Índice Global de Corrupción, posiciona a Paraguay en el puesto 140 entre 196 países, y en el noveno lugar de los doce sudamericanos.  

·         El Índice Global de Crimen Organizado 2023, revela que Paraguay es el cuarto país en el mundo, de 193 naciones analizadas, con mayor criminalidad organizada.  

Desde el gobierno de los Estados Unidos, apreciamos las fortalezas y el potencial de la economía paraguaya.  Paraguay sigue siendo un país merecidamente conocido por su estabilidad económica, su prudencia fiscal, su energía limpia y su capacidad de crecimiento a largo plazo. Y queremos contribuir a que Paraguay sea un socio fuerte y próspero, no solamente para nuestras relaciones bilaterales, sino para toda la región.   

Por eso, trabajamos estrechamente con el gobierno paraguayo y con la comunidad internacional, en el abordaje de estas problemáticas, colaborando para que el sistema de justicia garantice el debido proceso, la independencia judicial y la reducción de la corrupción y la impunidad. También, promovemos la formalización de la economía —con especial enfoque en las MIPYMES—, oportunidades económicas para mujeres y jóvenes, y el control ciudadano responsable.  

Estados Unidos continuará denunciando la corrupción y la impunidad de alto nivel, cuando afecte nuestra propia seguridad o cuando creamos que podemos apoyar a las instituciones paraguayas a enfrentar la impunidad que socava la democracia.   

Conozco perfectamente la capacidad y tenacidad de los paraguayos, cuando se trazan un objetivo. La aprobación del ingreso de la carne paraguaya al mercado estadounidense es apenas el más reciente ejemplo. Estados Unidos seguirá cooperando con el Paraguay, como socio y amigo. Es momento de redoblar esfuerzos y atacar frontalmente a la corrupción y la impunidad, asegurando la colaboración del sector público, el sector privado, los medios de comunicación y la sociedad civil. Los paraguayos, y sus futuras generaciones, dependen de ello.